miércoles, 29 de mayo de 2013

Biotecnología imperialista

Javier López Osorio
Las empresas dedicadas a la biotecnología vienen impulsando la manipulación genética de plantas y animales en nuestro país con una estrategia publicitaria plagada de mentiras y corrupción, al punto de señalar que con la introducción de este tipo de biotecnología, nos adentramos en la «segunda revolución verde», vaticinando incluso que con ello se podrá borrar el hambre. Las pruebas encontradas en la historia reciente nos dicen todo lo contrario, pues a pesar de destinar millones de dólares en renovar su imagen empresarial, estas empresas han estado ligadas más a la muerte que a la vida; en ellas, de manera destacada y emblemática encontramos a Monsanto, quien además es la responsable de la producción de PCB, dioxinas, agente naranja, herbicidas y aspartame.

Esta compañía asentada en nuestro país desde hace ya varios años, ha ocupado fuertes sumas de capital para contrarrestar el lado oscuro de sus negociosos; por ejemplo, su paquete tecnológico, que incluye semillas transgénicas y herbicidas, lo presenta como una forma de minimizar las labores del suelo y reducir la erosión; que los cultivos con ese tipo de semilla no son simplemente fuentes de riqueza, sino que surgen para resolver el problema inexorable del hambre debido al crecimiento de la población; que la biotecnología no implica la reducción de todos los seres vivos a la categoría de mercancías para ser vendidas y compradas en el mercado a través de su patente, sino que es el heraldo de la “desmercantilización” al sustituir los productos únicos elaborados en masa por un amplio surtido de productos hechos a la medida del consumidor.

La remasterizada “revolución verde” que han prometido estas transnacionales de la biotecnología, amenaza con la destrucción aún mayor de las relaciones sociales, la posesión tradicional de la tierra, la biodiversidad y nuestra soberanía alimentaria, atentando contra nuestros productores y la propia salud de los consumidores de estos organismos genéticamente modificados (OGM). Lo han denunciado un gran número organizaciones mundiales, constituyéndose en feroces detractores de estas compañías y su biotecnología imperiaslista, argumentando que esta posición no es necesariamente rechazar la tecnología per se, sino reemplazar a aquella que manipula, controla y beneficia a unos poco, por otra ecológica y socialmente sustentable, diseñada para respetar los equilibrios de la naturaleza mejorando la calidad de vida, respetando a las comunidades que viven de la tierra y privilegiar el desarrollo a escala humana.

La corrupción es un elemento asociado con la penetración comercial de estas empresas en el mundo y de manera particular en México, como quedó demostrado en el manejo de las negociaciones dadas al interior del Congreso para la aprobación de la legislación en materia de bioseguridad. Nunca quedó claro cómo resolvieron las cámaras de Diputados y Senadores la aprobación de la Ley de Bioseguridad, conocida también como Ley Monsanto, existiendo hasta ahora tantas observaciones calificadas y una amplia oposición social a esa ley. Incluso se llegó a señalar el cambio repentino de algunos legisladores que en un inicio estaban contra esa nefasta normatividad.

Se llegó a denunciar que México firmó un acuerdo con Estados Unidos y Canadá para burlar los requerimientos del Protocolo de Bioseguridad Internacional y promover que sigan entrando en territorio mexicano granos contaminados con transgénicos, librando de responsabilidad a empresas y países que los producen.

El gobierno mexicano, a través de la Sagarpa, sigue apoyando con subsidios el cultivo de transgénicos y promueve las importaciones de maíz genéticamente modificado, que incluso compite deslealmente con los productores mexicanos de este grano y los ha llegado a contaminar, sin que las autoridades federales responsables hagan algo para atender la problemática. En este sentido, el gobierno mexicano más pareciera empleado de aquellas empresas transnacionales, una verdadera lástima.

De acuerdo con fuentes oficiales, hay ensayos de producción transgénica en México desde 1982, otorgándose permisos a las empresas y otras instituciones para el cultivo de transgénicos en más de 20 estados del país, abarcando miles de hectáreas, de las cuales más del 80 por ciento corresponde a la empresa trasnacional Monsanto, y principalmente para el cultivo de maíz, algodón, canola y soya transgénicos.

Otros permisos para el cultivo de transgénicos fueron para la siembra de tomate, jitomate, calabacita, papa, papaya, melón, tabaco, trigo, lino, chile, plátano, piña, clavel, alfalfa y arroz.

Existe una amplia relación de empresas, marcas y productores, que de acuerdo con organizaciones nacionales e internacionales, manejan en México organismos genéticamente modificados en sus productos, principalmente aquellas que usan el maíz como materia prima para sus productos, por ejemplo, la marca Maseca, lo que ha propiciado un resurgimiento sobre la polémica por el etiquetado y que se encuentra aún a debate porque la Ley de Bioseguridad no es clara en cuanto a considerar si los productos son para "consumo humano directo", que deben ser etiquetados, o son "alimentos derivados", que quedan exentos de ello.

Estamos a buen momento para que a nivel del Congreso de la Unión y de los congresos locales se auspicie un amplio debate sobre los impactos que se han ocasionado con la aplicación de la normatividad vigente. Que contemple analizar la serie de deficiencias en la ley, destacando en cuanto a los riesgos que los transgénicos puedan o hayan ocasionado en la salud humana, al medio ambiente, la productividad, la economía campesina y a la diversidad biológica y cultural del país. Así como por haberse infringido el principio precautorio, con lo cual se incumple con el objeto de la propia Ley de Bioseguridad.

Queda también pendiente una amplia discusión nacional para la elaboración y aplicación de mecanismos que permitan una mayor eficiencia para consignar la responsabilidad y reparación del daño, la biopiratería, además de la protección adecuada y consciente sobre los derechos de propiedad intelectual y el conocimiento tradicional de las comunidades, entre otros. Volveremos sobre el tema Monsanto.

jloos02@yahoo.com.mx


Fuente:
http://www.cambiodemichoacan.com.mx/editorial.php?id=8203

No hay comentarios:

Publicar un comentario